miércoles, 12 de octubre de 2016

Pensamiento Fittipaldi (XIX).

 
Un Premio Nobel de Economía americano (no recuerdo en estos momentos el nombre), declaraba hace un par de días que en los EE.UU. tienen dos candidatos a la Presidencia del país que debe dirimirse el próximo mes de noviembre.
Y dijo, textualmente: “Uno está sonado, y otro no. Espero que gane el que no”.

Pues me encantaría poder habar con el Nobel y decirle lo siguiente: “Pues en España tenemos un Presidente ahora en funciones, y de aquí a unos días tendremos al mismo pero sin funciones, que no es el que no sino el que sí”.

Tal vez para que me entendiese y no sufra de derrames cerebrales de graves consecuencias, o de demencia permanente aderezada con brotes paranoicos y esquizofrénicos, debería añadir una frase que creo que una eminencia de su nivel conocerá perfectamente: “España es diferente”.

martes, 11 de octubre de 2016

Pensamiento Fittipaldi (XVIII).


Pensaba en que mi nombre es Paco Riera.
En realidad lo que pensaba es que en mi nombre sólo falta la vocal u.
Tal vez no la tengo porque la u es la vocal del susto, y sustos ya he tenido bastantes.
También la u suena al ulular del búho y la lechuza, y para lechuzas ya tengo la de el Grito, de la cual soy su cronista.

Luego he pensado que la a es la vocal de la comprensión y tal vez del consentimiento.
Luego he seguido con la e, que es la vocal de la sordera.
La i la de los histéricos que se asustan y gritan ante la aparición de un ratoncillo.
Y he concluido pensando que la o es la vocal del asombro y la estupefacción.

Me divertía.

Entonces he imaginado una a detrás de otra a y así varias as (¿o será ases?) y mi mente ha pensado en una caravana de camellos por el desierto.

Luego he querido pensar qué sería de una e detrás de otra e (que no pueden ser eses, porque eso está reservado para la consonante s) y así varias veces, pero me he cansado y lo he dejado.

Ya no me divertía.

lunes, 10 de octubre de 2016

Pensamientos Fittipaldi (XVII).

 
A veces voy a un bar y bebo en exceso, o en mi propia casa también.
Siempre acabo preguntándome si me refugio de la vida o cortejo a la muerte.

Píldora de la luna de los lunes.

 
Píldora de la luna de los lunes.
Cavilaciones, reflexiones e introspecciones.

Hoy me atrevo, con toda mi desfachatez, a lanzar una recomendación a los jóvenes empresarios y/o emprendedores, recomendación que vale también para los viejos empresarios (aunque estos difícilmente cambiarán ya de registro), para una satisfactoria dirección de sus negocios.

La frase es de Gabriele Romagnoli (1960), periodista y escritor que asistió a su propio funeral en Naju, Corea del Sur.
Me explico.
Corea del Sur es uno de los países con mayor índice de suicidios del mundo, y una empresa tuvo la ocurrencia de “crear” falsos funerales para intentar disuadir de suicidarse a personas con alto de riesgo de ello.
Te introducen en un féretro, lo clavan con tachuelas o clavos y te dejan allí unos minutos, para que reflexiones.
El italiano se apuntó y durante su breve estancia en el féretro pensó en su vida y cayó en la cuenta de que un ser humano pasa 23 años durmiendo, otros veinte trabajando, seis años comiendo, cinco esperando, cuatro pensando, 228 días lavándose la cara y los dientes y apenas saborea 46 horas de felicidad.
Conclusión: hay que aumentar las horas de felicidad !!!
Y ello implica al trabajo, lógicamente.

Romagnoli no se considera ningún gurú, por lo que dice que le cuesta dar consejos, pero este que yo leí me impactó y pensé que podía ser un buen consejo para los nuevos empresarios… y también para los empresarios consolidados y experimentados con la mente abierta a la innovación.

“Necesitamos un poco menos de uno mismo, y sustituir la ambición vertical por la horizontal.
En lugar de una carrera, experiencia;
en lugar de reconocimiento, conocimiento”.

Estoy convencido de que si muchos empresarios atendiesen a este concepto sus empresas mejorarían de manera importante, y la felicidad de sus empleados aumentaría de forma considerable, y eso siempre es beneficioso para la productividad.

Buena semana para todos !!!

jueves, 6 de octubre de 2016

Pensamiento Fittipaldi (XVI).

 
Empieza a aparecer el otoño por la Cerdanya.
Empieza a hacer fresco en los amaneceres y en los atardeceres.

Me he ido a dormir y casi sin darme cuenta me he frotado las manos, por cierto frío en el ambiente y por la satisfacción de volver al lecho que siempre acoge.
Y ha sido en ese momento cuando he redescubierto tu anillo de compromiso con mamá en mi dedo anular izquierdo.
Desde que falleciste está ahí, pero la costumbre hace que muchas veces me pase desapercibido.

Luego me ha costado dormirme porque pensaba en ti.
Y he recordado una conversación contigo antes de tu muerte en la que me pediste que ejerciese de hermano mayor y mantuviese la familia unida en tu ausencia.
Y yo te dije que no sufrieses, que lo haría, y te lo dije muy seriamente porque yo sabía que tú me lo pedías porque sabías que nunca me gustó ejercer de hermano mayor, porque yo sólo soy uno de tus cuatro hijos, un hermano más por tanto, con la casualidad de que fui el primero de tu amor con mamá.

La familia permanece unida, papá.
Tú te fuiste, mamá también, antes Susan y después Juan Manuel, aunque él ya estaba alejado de la familia como bien tu supiste nada más te pidió la mano de tu hija menor.
Ahí nada podíamos hacer. Y me temo que el hijo será como el padre. Veremos.
Pero quiero que sepas que no es mérito mío, papá. Es de todos mis hermanos, y también de nuestros hijos, tus nietos. O sea, y espero que no te enfades, sigo sin ejercer de hermano mayor. Sigo como a mí me gusta. A la mía, hablando siempre y pidiendo consejo, pero haciendo lo que me da la gana. Como siempre, bien lo sabes.
El mérito es tuyo, y de mamá.
Tú y ella nos inculcasteis este sentimiento de unidad.
Y lo hicisteis bien, porque no tengo la necesidad de esfuerzo para cumplir el compromiso que contigo adquirí.
Estamos unidos, papá, gracias a tus enseñanzas. Gracias a los silencios de consentimiento, que eran de asentimiento, a tus recomendaciones de mamá.
Seguiremos igual, por ti, por mamá, y por nosotros, porque nos necesitamos.
Y detrás vendrán tus bisnietos, que ya son, ¿lo sabes?, ¡cinco! Claro que lo sabes.

Sigue velando y cuidando el sueño de mamá y de Susan. Yo lo hago desde aquí, siempre, siempre, y tú desde allá, siempre, siempre.

Buenas noches, papá.
Creo que ahora ya podré dormir, pero antes me frotaré de nuevo las manos.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Dos enormes enseñanzas en un solo relato.

 
Cosas o hechos que conmueven a unos, no afectan a otros.
Esa es la gran riqueza de los sentimientos: su dificultad para ser comprendidos, y más difícil todavía, explicarlos a los demás.

Hay narradores que apuestan por no explicarlo todo en sus narraciones (porque es bien cierto que una historia bien explicada o narrada es más una noticia informativa y/o periodística que no narrativa, como manifestaba el escritor catalán Enrique Vila-Matas en un artículo que leí hace ya unos años) porque los cuentos empiezan en nosotros cuando terminamos de leerlos.

El relato al que me refiero en el título de este escrito es una historia que nos narró Heródoto, y que explica perfectamente tanto el tema de la individualidad de los sentimientos personales como el asunto de dejar abierto, por tanto no explicado en su totalidad, el cierre de una historia..

Dice el cuento de Heródoto (historiador y geógrafo) que el Faraón Psamético, tras la caída de Menfis (capital del Imperio Antiguo de Egipto), quinientos años antes de la era cristiana, fue capturado, junto a toda su familia, por el ejército persa comandado por el cruel Cambises II, quien quiso poner a prueba la entereza del Faraón.
Psamético fue colocado en un ángulo perfecto para que pudiese ver claramente el desfile de la victoria persa y a su hija, convertida en sirviente, que desfilaba entre los vencidos, y al mismo tiempo podía ver con claridad la figura de su hijo que caminaba hacia su ejecución y muerte.
El Faraón no se conmovió y aguantó con firmeza los duros momentos que le tocaban vivir, pero se derrumbó cuando reconoció entre los prisioneros a uno de sus sirvientes, un hombre viejo y miserable.
Entonces, justo en ese momento, Psamético rompió a llorar.

El misterio de ese enigmático llanto todavía hoy persiste.

La  narración de Heródoto es modélica, porque, por un lado, nos explica que el cuento nuca se entrega del todo para que así el lector se convierta en partícipe y lo finalice él mismo, y por otro lado nos enseña que la demostración y exposición de los propios sentimientos no atienden a patrones comunes para todos, tal vez porque los sentimientos son de una intimidad inescrutable e insondable.

Dos enseñanzas en un solo relato.

lunes, 3 de octubre de 2016

Píldora de la luna de los lunes.

 
Píldora de la luna de los lunes.
Cavilaciones reflexiones e introspecciones.

Después de ver el lamentable y penoso espectáculo con el que nos han obsequiado los señores y las señoras del Comité Federal del PSOE este pasado fin de semana, no queda otra que lanzar un mensaje de optimismo para intentar salir más o menos indemnes del pesimismo en que esta gente nos ha sumergido, y que será peor cuando se confirme que el Gran Cínico de España formará de nuevo Gobierno para seguir arrasándolo todo durante los próximos cuatro años (y que no se le ocurra, nada más formar Gobierno, disolver el Parlamento para convocar nuevas elecciones, porque entonces ganará con mayoría absoluta y este país será ya terreno no apto para la vida democrática y en libertad).

Ahí van dos mensajes optimistas que recupero para la ocasión:

“El pesimista se queja del viento;
el optimista espera que cambie;
y el realista ajusta las velas”.

Anónimo.


“Nadie es tan pobre que no pueda regalar una sonrisa”.

Anónimo.

Ánimos a todos y feliz semana !!!