El animal más detestado por la extrema derecha, la derecha y
partidos afines es el oso hormiguero, porque cuando ve una fila de hormigas
bien formada, perfectamente alineada y con las filas prietas, no puede
resistirse y aspira con su trompa y de manera indiscriminada y desordenada
todas las hormigas que se le ponen a tiro, desmontando y desmadejando la
homogénea formación, y eso, a las derechas uniformistas y negacionistas de la
diversidad, las irrita profundamente.
lunes, 13 de noviembre de 2017
Greguerías de un inconformista (XXXII).
Regalar un ramo de flores siempre tiene un retorno: una
sonrisa, unos ojos expresivos, un beso, un abrazo, unas palabras de
agradecimiento, un gracias sentido, la manifestación de la alegría, la dulzura
de un rostro, incluso a veces un te quiero.
El último ramo de rosas que envié a una mujer me contradijo
rotundamente.
No he tenido retorno alguno.
Ni siquiera se si las rosas despedían un intenso perfume o
si era escaso, ni siquiera se y creo que nunca sabré si las entregaron como
solicité, de color amarillo que era su preferido, o si recurrieron a las rosas
rojas que es el color más recurrido. Desconoceré si fueron una docena como
encargué o fueron rácanos y entregaron un número menor, nadie me dirá si esas
rosas que nunca me enviarán un mensaje fueron acompañadas con gracia y destreza
o se apilaron la una junto a la otra con desidia y desgana.
Intenté dar lo que guardo en mis recuerdos como un tesoro
vivido, pero algunas personas sólo tienen pobreza en su corazón.
Pero no quiero pensar en eso, prefiero creer que algo mal,
muy mal hice, para haberme ganado ese enorme desprecio.
O tal vez prefiero pensar que sí hubo retorno y se lo llevó
el silencio del viento lento y la sal dulce de una lágrima escondida.
Sí, eso pensaré.
jueves, 9 de noviembre de 2017
Greguerías de un inconformistas (XXXI).
Si dormir es morir un poco, soñar es vivir varias vidas.
Yo soy de esos, de los soñadores, porque sueño por la noche
y además todas las noches, sueño durante el día porque sueño despierto, sueño
los sueños y los escribo y los modifico para vivir a mi antojo.
Y unos sueños son bellos, y yo cuando los explico a mis
amigos los convierto en bellísimos, y otros son feos y los transformo en
amables unas veces, y otras no, porque así doy cumplida satisfacción a mis
bajos instintos, como lo son la venganza, la envidia, la inquina, el desprecio
y otros muchos que detesto aunque aparecen en cuanto pueden asomar la cabeza, y
así ya no tengo que cumplir con ellos en la vida real porque los aborto en mis
sueños.
Yo sueño y quiero seguir soñando, porque es una oportunidad
que la vida nos ofrece a todos, y los románticos como yo seguimos en el
convencimiento de que los sueños sueños son, pero creemos que muchos de ellos,
todos, se pueden realizar.
Y se realizan. Así es.
Es sólo una cuestión de fe.
martes, 7 de noviembre de 2017
Greguerías de un inconformista (XXX-bis).
¿No te gusta la sopa? Pues toma dos platos.
Este dicho resuena en mis oídos desde mi infancia, aunque en
mi caso era el hígado el que martirizaba mis cenas en casa de mis padres. Y no
en exceso, porque mi madre era un ser divino que no martirizaba ni a una mosca
pesada e impertinente.
La pasada noche, nada más apagar la lamparita de la mesita
de noche, me visitó el gerundio con ánimo de dar guerra, y me soltó de sopetón
que sí, que ya sabe que no lo soporto y no lo tolero (lástima que se ha colado
una e, dijo, porque sino todo serían os, escupió el muy apestoso), pero que su
lucha por la supervivencia y la vigencia de su estirpe le había dado buenos réditos,
hasta el punto de convertirse en refrán utilizado por todos, como es el caso de
la conocida expresión “andando, que es gerundio” y otras similares de uso
universal en el idioma castellano.
Me tuve que comer con patatas la defensa de su legitimidad,
y el muy ladino se dio cuenta y remató con contundencia y un punto sarcástico
que “A dios rogando y con el mazo dando”.
Quise responderle con una imitación de Camilo José Cela
cuando dijo al ser descubierto dando una cabezada, creo que en el Parlamento o
en el Senado, no recuerdo, que “no
es lo mismo estar dormido que está durmiendo, al igual que no es lo mismo estar
jodido que estar jodiendo”, pero me pareció que en esta ocasión la prudencia
recomendaba el silencio, sin que mi mutismo fuese una concesión al gerundio al
estilo de que “quién calla, otorga”.
Pero el cabrón se fue entre risitas, y yo me quedé toda la
noche jodido, no jodiendo.
lunes, 6 de noviembre de 2017
Greguerías de un inconformista (XXX).
Me he pasado buena parte de la madrugada en el análisis de por qué desprecio tanto al
tiempo verbal llamado gerundio.
Primero he pensado que tal vez sea por su sonoridad
apestosa, sonoridad que se concentra en la sílaba (ge)run(dio). Como que no me he quedado convencido he
proseguido con mis pensamientos y he llegado a creer que es porque gerundio
carece de la vocal a, pero la verdad es que no hace al caso, porque otras
palabras sin esa vocal son deliciosas, como por ejemplo birlibirloque, que
además de no tener as tampoco tiene us.
Entonces me he inclinado por pensar que al pobre desgraciado
tiempo del verbo le pusieron ese nombre de gerundio como aquellos padres
desalmados de la España de antes que le ponían al hijo o a la hija el nombre
del santo del día, y así nacieron Gúdulas, Priscas, Metodios, Pascasios,
Asprenatos, Apolonias, Zósimos y otros semejantes.
Luego he pensado que no, que tampoco es esa la explicación a
mi disgusto por el término gerundio y mi aversión por ese tiempo verbal.
Al final, ya con el alba asomada a mi ventana, creo haber
dado con la respuesta.
El gerundio es el tiempo verbal que manifiesta la
simultaneidad de la acción con el tiempo en que se habla, y tiene dos
vertientes en función de la conjugación del verbo, que son las terminaciones
iendo y ando (evito ejemplos para no dar entrada en este texto al denostado
gerundio).
Y es esa simultaneidad la que me desagrada, porque carece de
la experiencia que atesora el hablar del pasado y de la ilusión que conlleva el
hablar del futuro, y el pasado y el futuro son estadios de la vida y de las
cosas sobre los que suele hablar el escritor.
La instantaneidad del presente es más para los periodistas.
Es por ello que detesto el gerundio.
sábado, 4 de noviembre de 2017
Greguerías de un inconformista (XXIX).
Le encantaban esos momentos con los que se encontraba cada
noche, cuando leía en la cama antes de dormirse, y caminaba y recorría todos
los caminos del mundo.
Por la mañana, al despertar, sólo recordaba sus caminatas,
casi nunca el texto leído, pero no caminaba de nuevo porque tenía que ducharse
para irse rápidamente al trabajo.
Por eso le encantaban las noches.
miércoles, 1 de noviembre de 2017
Greguerías de un inconformista (XXVIII-bis).
Esta pasada noche he vuelto a soñar con ornitorrincos.
Me he despertado con un sobresalto, y lo primero que se me
ha ocurrido ha sido palpar con tiento mi cuerpo con mis dedos y la palma de la
mano, pero entonces me he acordado de Kafka y me ha entrado la risa.
Me he vuelto a dormir sin saber qué hora era pero con una
sonrisa vagando por mi habitación, pero no he podido averiguar si era mi
sonrisa, la de Kafka, la de su escarabajo, o la del ornitorrinco austral.
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